Traducción, documentación jurídica y … la otra punta de Europa

OOO, ZAO, OAO…¿de qué hablamos?

julio 16th, 2012 | by | código civil, derecho mercantil, oao, ooo, traducción, zao, ЗАО

Jul
16

Las formas más habituales de las sociedades mercantiles rusas son las OOO, ZAO y OAO. Aquí solo quiero dar un par de apuntes para distinguir bien los tres tipos y proponer soluciones de traducción.

La OOO (Obshchestvo s ogranichennoy otvetstvennostyu), es, como el propio nombre indica, algo parecido a nuestra Sociedad de responsabilidad limitada, o S.L.  Su régimen jurídico está definido en el artículo 87 y ss. del Código civil ruso, y en la Ley Federal de OOO.  En la OOO, el capital social está dividido en participaciones sociales (doli uchastnikov obshchestva). No cabe duda de que, a efectos de traducción, el equivalente apropiado de la OOO rusa es “Sociedad de responsabilidad limitada” (de Derecho ruso, claro está).

Por su parte, la ZAO y la OAO son, en realidad, sub-tipos de una misma forma jurídica: la AO, o Sociedad anónima (Aktsionernoe obshchestvo, regulada en el artículo 96 y ss. del Código civil y en la Ley Federal de AO).  El capital social de la AO está dividido en acciones. La principal diferencia en el régimen jurídico de las ZAO y las OAO reside, precisamente, en que las acciones de la ZAO se distribuyen únicamente entre sus fundadores o dentro de un grupo de personas previamente determinado, mientras que en la OAO los accionistas pueden enajenar sus acciones sin limitaciones (es decir, no requieren el acuerdo del resto de accionistas).  La ZAO no puede ofrecer acciones para su suscripción pública o permitir su adquisición a un número ilimitado de personas, mientras que la OAO sí puede realizar una oferta pública y venderlas sin limitaciones.

En vista de lo anterior, siempre he considerado oportuno traducir ZAO como Sociedad anónima cerrada, y OAO como Sociedad anónima abierta (en definitiva, respetar la literalidad de su denominación en ruso). En Derecho español no existen estos sub-tipos de la sociedad anónima, y la ZAO, por sus características, tiene elementos en común con los de la S.L. española. Pero el adjetivo de “cerrada” ya denota claramente que es una S.A. especial. Las inversiones españolas en Rusia, por cierto, suelen optar por la figura de la OOO o la ZAO, pues casi siempre se realizan con socios extranjeros o locales con los que existe una relación especial, y no es indiferente la composición del accionariado o la distribución de las participaciones sociales.

 

 

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Otro término que puede crear confusión: “филиал”

junio 14th, 2012 | by | derecho mercantil, filial, ruso, sucursal, traducción, traducción jurídica, transliteración, филиал

Jun
14

Es frecuente encontrar en los estatutos de sociedades mercantiles rusas referencias a la “филиал”, término cuya transliteración sería “filial”. Como quiera que “filial” en derecho societario español quiere decir algo muy distinto de “филиал” en ruso, voy a intentar aclarar la cuestión y proponer la traducción más apropiada para evitar toda confusión.

Según el María Moliner, “filial” es un adjetivo y sustantivo que se aplica a un establecimiento que depende de otro. En Derecho mercantil, el término “filial” denota personalidad jurídica y dependencia respecto a otra persona jurídica. Una definición de “filial” viene dada, por ejemplo, en la Directiva del Consejo 90/435/CEE, de 23 de julio de 1990, relativa al régimen fiscal común aplicable a las sociedades matrices y filiales de Estados miembros diferentes.  Del tenor del artículo 3 de dicha Directiva se desprende que una “sociedad filial” es una sociedad en cuyo capital la sociedad matriz posea una participación mínima del 25%. No voy a entrar ahora a analizar en detalle la figura de la filial y su diferencia respecto a la subsidiaria, por ejemplo, pues lo que aquí importa es ver que no tiene nada que ver con la “филиал” rusa.

Ahora vamos al Derecho ruso. El propio Código Civil, dentro del capítulo dedicado a las personas jurídicas, dedica el apartado 2 de su artículo 55 a la figura de la “филиал”, que define del siguiente modo: “se trata de una subdivisión diferenciada de la persona jurídica, radicada fuera del domicilio de ésta, y que ejecuta todas o parte de sus funciones, incluida la de representación”. A continuación señala explícitamente que no se trata de personas jurídicas, que dispondrán del patrimonio que les asigne la persona jurídica que las ha creado y que funcionarán con arreglo al reglamento que dicha persona jurídica establezca.

¿Cuál es, entonces, su traducción correcta al español? Mi propuesta es emplear el término “sucursal”, que como es bien sabido denota una relación de dependencia respecto a la sociedad que la crea, pero mayor autonomía que la mera oficina de representación (представительство). Recordemos, a este respecto, lo que establece la Ley de sociedades de capital, de 2010:

“Artículo 11. Sucursales.

1. Las sociedades de capital podrán abrir sucursales en cualquier lugar del territorio nacional o del extranjero.

2. Salvo disposición contraria de los estatutos, el órgano de administración será competente para acordar la creación, la supresión o el traslado de las sucursales.”

Este artículo, precisamente, ampara al órgano de administración de una SL o SA española para abrir una sucursal en Rusia, por ejemplo. Término que traduciremos al ruso como “филиал”.

 

 

 

 

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ZAGS (ЗАГС) ruso y Registro Civil español

mayo 8th, 2012 | by | código civil, registro civil, ruso, traducción, uncategorized, zags, ЗАГС, русский

May
08

En la documentación relativa al estado civil de las personas en Rusia nos topamos siempre con un órgano denominado “ZAGS”. Pero, ¿de qué órgano estamos hablando en concreto, y cómo podemos traducir correctamente el término al español?

De entrada hemos de decir que “ZAGS” es la manera popular de denominar el órgano donde se inscriben actos relativos al estado civil de las personas. En propiedad, ZAGS es el acrónimo de “Zapisi aktov grazhdanskogo sostoyaniya”, literalmente “inscripción de actos relativos al estado civil”. Cuando hablamos del ZAGS, en realidad nos referimos a una sección, oficina o servicio (отдел), dependiente de un departamento (управление) que a su vez forma parte de los órganos de administración del sujeto de la Federación (es decir, de la región correspondiente). Así, por ejemplo, el ZAGS de Moscú (http://zags.mos.ru) es un departamento del gobierno de la ciudad (Управление ЗАГС города Москвы, no olvidemos que Moscú tiene rango de sujeto de la Federación), del cual dependen 28 secciones u oficinas (cada una ejerce sus funciones en un área determinada de la ciudad), cuatro palacios de bodas (дворцы бракосочетания) y una sección especializada para archivo y expedición de documentos. Estamos, en definitiva, ante un órgano de la administración regional, cuya función principal es la inscripción de actos relativos al estado civil. La Ley Federal de actos relativos al estado civil, de 1997, en su artículo 3, apartado 2, menciona los actos cuya inscripción es obligatoria: nacimientos, matrimonios, disoluciones de matrimonios, filiaciones, cambios de nombres y apellidos, y defunciones.

Respecto a España, según el art. 325 del Código Civil, “Los actos concernientes al estado civil de las personas se harán constar en el Registro destinado a este efecto“. A continuación, el art. 326 establece de “El Registro del estado civil comprenderá las inscripciones o anotaciones de nacimientos, matrimonios, emancipaciones, reconocimientos y legitimaciones, defunciones, naturalizaciones y vecindad, y estará a cargo de los Jueces municipales u otros funcionarios del orden civil en España y de los Agentes consulares o diplomáticos en el extranjero.” En España el Registro Civil es un registro público dependiente del Ministerio de Justicia, y se organiza en una Oficina Central y las correspondientes Oficinas Generales y Oficinas Consulares (nótense los profundos cambios introducidos en esta institución por la Ley de 2011). Sus funciones vienen a coincidir en gran medida con la del ZAGS ruso, por lo que entiendo que, en vez de optar por una traducción literal de éste último término, podemos hablar de “Registro Civil”. Así, Управление ЗАГС города Москвы podría traducirse como Departamento de Registro Civil de la ciudad de Moscú, con sus correspondientes Oficinas (отделы).

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Un término que da lugar a confusión: Arbitrazhniy sud (Арбитражный суд)

abril 24th, 2012 | by | arbitraje, arbitrazh, diccionarios, ministerio de asuntos exteriores, ruso, traducción, traducción jurídica, traductor-intérprete jurado, tribunal arbitral, uncategorized, арбитраж, арбитражный суд, русский

Abr
24

Es un tema recurrente en la traducción al español de documentos jurídicos redactados en ruso, sobre todo contratos: ¿cómo traducir el término “Arbitrazhniy sud” (Арбитражный суд)?

Si el traductor no tiene un mínimo conocimiento de la organización del sistema judicial ruso, puede optar por “Tribunal de arbitraje” o “Tribunal arbitral”, y entonces…la parte española pensará que sus eventuales controversias con la parte rusa las dirimirán unos árbitros, mientras que la parte rusa estará convencida de que sus disputas las conocerá un juzgado o tribunal, en ejercicio de la potestad jurisdiccional. No es menor la cuestión.

El problema radica en las distintas acepciones de los términos “arbitrazh” (арбитраж) en ruso y “arbitraje” en español.  He aquí lo que nos dice el Diccionario Básico Jurídico (Editorial Comares, 2009):

arbitraje. Institución mediante la cual “las personas naturales o jurídicas pueden someter, previo convenio, a la decisión de uno o varios árbitros las cuestiones litigiosas, surgidas o que puedan surgir, en materia de su libre disposición conforme a d.º.”  Se trata de una institución actualmente regulada en la Ley 60/2003, de 23 de diciembre, de Arbitraje.

Ahora vamos al Gran Diccionario Jurídico de A.B.Borísov (Editorial Knizhnyi mir, Moscú, 2012), donde nos encontramos con dos acepciones completamente distintas para el término arbitrazh, que aquí resumo:

1) medio de resolución de cuestiones litigiosas en materia económica o laboral, consistente en que las partes someten dichas cuestiones a la decisión de árbitros elegidos por las mismas partes o nombrados con arreglo a un convenio arbitral, o bien nombrados con arreglo al procedimiento previsto en una ley (…)

2) sistema de órganos jurisdiccionales de la Federación Rusa, a cuyo cargo está la resolución de los litigios de carácter económico (…) 

En su segunda acepción, el “arbitrazh” viene a ser, de modo sucinto, el orden en el que se conocen litigios entre personas jurídicas, autónomos, y administraciones públicas, siempre que medie el ejercicio de una actividad empresarial u otra actividad con ánimo de lucro. Es en el “arbitrazhniy sud” donde las empresas resuelven sus disputas contractuales, y allí también se conocen los concursos de acreedores, o las disputas con la administración, entre otras cuestiones. Sus atribuciones entran fundamentalmente en lo que en España conocemos como orden civil, pero incluye también cuestiones propias del orden contencioso-administrativo. Si una empresa española tiene una controversia en Rusia con una empresa local, de esta conocerá el “arbitrazhniy sud”. Si las partes convinieron en su contrato que sus eventuales disputas las dirimirían uno o varios árbitros, entonces se someterá el asunto al третейский суд (“treteyskiy sud”) o tribunal arbitral.

Si la versión rusa del contrato habla de someter los litigios a “arbitrazh”, esto se entenderá en referencia al arbitraje, pero si se habla del “arbitrazhniy sud”, queda claro que es algo totalmente distinto del arbitraje tal y como éste se entiende en España.

Espero que haya quedado claro. En el examen de la convocatoria de 2010 del Ministerio de Asuntos Exteriores para traductor-intérprete jurado aparecía este término de “arbitrazhniy sud” (se trataba de traducir diversos artículos del Código Procesal Civil ruso), y a veces pienso que quien eligió el texto sabía que contenía un término de traducción no evidente, pese a las apariencias….

 

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Recursos para el traductor jurídico de ruso (I)

abril 5th, 2012 | by | diccionarios, obras de referencia, ruso, traducción, traducción jurídica, uncategorized, русский

Abr
05

Todo traductor sabe que no basta con conocer el idioma del que traduce: quien traduce traslada el sentido de las palabras de un idioma a otro. Y ahí está la clave, en captar el sentido y saber trasladarlo. Ahora bien, cada idioma es un mundo, pues aparte de su estructura propiamente dicha, existe en un contexto determinado: se desenvuelve en un marco geográfico, cultural y político determinado. Y toda traducción dentro de un área determinada del saber (jurídica, médica, técnica, etc) implica (o debería implicar) un buen conocimiento no sólo de la terminología, sino de las instituciones y lenguaje propios de la materia tanto en el idioma de origen como en el de destino. Todo esto son, en realidad, obviedades que a nadie se le escapan.

La traducción jurídica del ruso ha cobrado impulso en las dos últimas décadas, cuando los intercambios personales y comerciales con Rusia (y otros países donde predomina el ruso) se han multiplicado por razones que todos conocemos. Dicho esto, los recursos de que dispone el traductor jurídico al español son menos numerosos que los existentes para inglés, francés o alemán, por poner tres ejemplos más cercanos. No existe en la actualidad, que me conste, ningún diccionario jurídico ruso-español. Tampoco conozco traducciones al español de textos jurídicos como el Código Civil. El traductor jurídico de ruso ha de recurrir, por tanto, a otros recursos, tales como diccionarios jurídicos en otras combinaciones (ruso-inglés, por ejemplo), textos legales traducidos a otros idiomas, y desde luego los diversos diccionarios electrónicos disponibles. A veces recuerdo al traductor externo al que recurríamos en nuestro despacho en Moscú: un ucraniano afincado en Moscú, con algunos años de experiencia en Cuba. Era un hombre al que apasionaba su trabajo y me consta que estaba elaborando un diccionario jurídico ruso-español (o quizá fuese español-ruso, ya no lo recuerdo). Su temprana muerte nos privó de un trabajo que sin duda hoy resultaría muy útil, pues hubiese sido el fruto de años de trabajo, buscando la palabra justa.

En este contexto resulta útil disponer de obras que faciliten la labor del traductor jurídico de ruso, y en este blog procuraré comentar todas las que caigan en mis manos y merezca la pena reseñar. Comenzaré por un libro de reciente publicación, cuyo contenido es más general, pues se refiere a la traducción del ruso sin adjetivos, pero incluye material sobre la traducción específicamente jurídica. Se trata de Russian Translation: Theory and Practice, de Edna Andrews y Elena A. Maksimova (Routledge, 2010).

 

Aquí solo pretendo hacer unos apuntes sobre cuestiones tratadas en este libro y que sin duda trataré en este blog en otras entradas más específicas.

En el capítulo sobre cuestiones fonológicas y gráficas, por ejemplo, las autoras se detienen en la cuestión de la transliteración (objeto de mi entrada del pasado 28 de marzo) y también en algo muy propio del idioma ruso moderno: las abreviaturas. El empleo de abreviaturas y siglas es una constante, y el traductor ha de disponer de recursos para no perderse en esta maraña. Sería interesante investigar, por cierto, si es una característica nacida en la época soviética o viene de antaño.

Otro de los capítulos está dedicado a las cuestiones culturales, algo muy importante dada la idiosincrasia rusa y a la herencia de un sistema político y social muy distinto del europeo occidental. A título de curiosidad, las autoras destacan la diferencia en ironía y sarcasmo entre la prensa rusa y la inglesa. Esto no es aplicable a la traducción jurídica, pero bien es cierto que la prensa escrita rusa tiene un “tono” bien específico: basta con leer los titulares del diario Kommersant, por poner un ejemplo.

En el capítulo sobre tipos de textos las autoras llaman la atención sobre una ventaja de la que dispone el traductor de ruso: el gran número de obras literarias varias veces traducidas a los más diversos extranjeros. Muestran hasta cinco diferentes traducciones de un mismo párrafo de una misma obra. Esto no deja de ser un privilegio, pues nos permite contrastar diversos textos y juzgar las diversas opciones empleadas. A este respecto, hay que observar que el número de traducciones de obras literarias rusas (sobre todo clásicas) al español ha aumentado muchísimo en los últimos años (espero no equivocarme, esa es mi impresión personal cada vez que voy a las librerías), por lo que el “corpus” del que disponemos los traductores crece y se enriquece. Esto vale también, por qué no, para la traducción jurídica, y para todo tipo de traducción.

La obra contiene un capítulo sobre cuestiones morfológicas y gramaticales, donde tratan diversos temas. Me detendré brevemente en un par de ellos. Por un lado, está la cuestión, tan importante en los idiomas eslavos, del aspecto del verbo. El correcto uso de los aspectos perfectivo e imperfectivo es sin duda una de las dificultades del ruso, y el traductor ha de ser capaz de entender los matices que en cada caso implica el aspecto. Las autoras mencionan los fallos más frecuentes de los hablantes no nativos de ruso. Otro tema, este muy propio del lenguaje jurídico, es el del empleo de participios, muy frecuente en ruso, y que da lugar a oraciones larguísimas, que en muchos casos se han de fragmentar en dos o más oraciones al traducirlas al español para que el texto ( y el lector) “respire”. Son problemas que uno va aprendiendo a resolver con la experiencia.

Otra apreciación interesante dentro de esta breve pero útil obra es la de la importancia del uso de diccionarios monolingües. Como indicaba más arriba, no existe ningún diccionario jurídico ruso-español, pero aunque existiese, su uso se debería complementar con el de un buen diccionario jurídico ruso. Cuanto más completas sean las entradas, mejor. El traductor jurídico, al que se le presupone formación académica en Derecho, debería conocer bien los dos ordenamientos jurídicos en los que trabaja. La buena comprensión del término jurídico en el idioma de origen, es decir, saber captar su sentido específico dentro de aquel ordenamiento, es la labor fundamental y primera del traductor. Y para ello es clave el diccionario monolingüe.

De especial interés es el capítulo del libro dedicado a la documentación jurídica.  Como dato interesante, de los 120.000 licenciados de universidades rusas entre 1908 y 1916, 35.000 lo eran en Derecho. Las autoras destacan este dato como ejemplo del interés por las ciencias jurídicas en la Rusia pre-revolucionaria.  Esto me hace pensar en otra cosa: el esfuerzo que se está haciendo en los últimos años para recuperar y reeditar obras de clásicos del Derecho civil, mercantil, penal, constitucional, etc…de gran importancia, pues no hemos de olvidar que en Rusia también se inició una labor codificadora y sistematizadora del Derecho en el siglo XIX. En los clásicos encontraremos los traductores, además, un lenguaje jurídico, a mi entender, ágil y rico, algo que se agradece pues el lenguaje jurídico moderno en Rusia (y esto lo sabe bien quien traduce certificados, formularios, etc) adolece a veces de los defectos de la langue de bois de tiempos pasados.

Las autoras se centran en las construcciones preposicionales propias de los textos jurídicos, así como en el uso de participios, gerundios y derivados verbales. El texto jurídico comparte muchas características con el científico y académico, y en el libro encontramos diversos ejemplos esclarecedores. No mencionan, por otro lado, un fenómeno que “carga” en exceso los textos jurídicos rusos: las constantes repeticiones. Es indudable que el traductor ha de evitarlas, pues debe acercar el texto lo más posible al estilo del idioma de destino.

El libro incluye un capítulo final sobre la revisión y edición de traducciones. Desmenuza una traducción al inglés de un artículo del Código de Familia, y llama la atención sobre algunos errores, incluso graves, lo que una vez más hace pensar en la importancia de la revisión.

Prometo que mis próximas entradas serán más breves…he aprovechado la ocasión que me brindaba esta obra para apuntar diversos temas que sin duda merecerán mi atención, y que espero den lugar a comentarios y discusiones.

 

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Un testimonio lingüístico inesperado

marzo 30th, 2012 | by | croata, diccionarios, hrvatski, serbio, srpski, traducción, uncategorized

Mar
30

El pasado mes de octubre estuve en la Feria del Libro de Belgrado. Es la más importante de la antigua Yugoslavia y se celebra todos los años. Ya había estado en otra ocasión, pero sólo esta vez descubrí, en una zona algo apartada, la sección dedicada a libros de segunda mano.  Recorrí dicha sección, deteniéndome en cada puesto a curiosear. Y me encontré con esto:

 

 

El Diccionario del idioma literario croata-serbio (Rječnik hrvatskosrpskoga književnog jezika) de Matica srpska y Matica hrvatska, o, mejor dicho, sus dos primeros tomos: A-F y G-K, ambos publicados en 1967. Ya había leído sobre aquel lejano proyecto de Matica hrvatska y Matica srpska, allá en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.  Ambas entidades decidieron elaborar un diccionario conjunto, de lo que entonces consideraban un único idioma (serbo-croata o croata-serbio). Belgrado asumía el trabajo sobre una mitad (las letras a, b, g, e, ž, z, l, lj, m, n, nj, o, r, u, h y š) y Zagreb sobre la otra mitad (letras c, č, ć, d, dž, đ, f, i, j, k, p, s, t y v).  Después cada una de las partes estudiaría y comentaría el trabajo de la otra, para consensuar el texto final.  El diccionario dispondría de dos ediciones: una hecha en Zagreb, en alfabeto latino, y la otra en Novi Sad, en cirílico. Por su contenido serían idénticas. Serían seis tomos en total, de unas 800 páginas cada uno.

Yo sabía que aquel Diccionario nunca llegó a completarse, pues las disputas lingüísticas entre Belgrado y Zagreb lo impidieron. Pero no sospechaba que tenía en mis manos un testimonio directo de aquella disputa. Al abrir el segundo tomo, cayó al suelo un sobre, cuyo destinatario era un suscriptor del Diccionario en Belgrado. El remitente era la propia casa editorial de Matica hrvatska, y la carta venía fechada el 26 de mayo de 1969:

 

 

He aquí la traducción de la carta:

ESTABLECIMIENTO EDITORIAL DE MATICA HRVATSKA

ZAGREB, Ul. Matice hrvatske 2

Zagreb, 26.05.1969

Estimado camarada:

Por la presente informamos a los suscriptores del Diccionario del idioma literario croata-serbio que el tercer tomo será publicado con un importante retraso por causas de carácter técnico. Como es sabido, los dos primeros tomos fueron objeto de duras críticas, y Matica hrvatska consideró que era su obligación, a la vista de las observaciones manifestadas, reclamar a la redacción del Diccionario que del tercer tomo en adelante se tuviese en cuenta la exigencia de respetar la plena igualdad de la variante croata del idioma literario.

Le rogamos que tenga en cuenta los motivos expuestos.

Le informaremos por escrito de la publicación del tercer tomo del Diccionario.

Saludos cordiales de camarada.

Vera Cvijanović

Directora del servicio de suscripción

El suscriptor de Belgrado nunca recibió el tercer tomo, pues este nunca fue publicado. Al poco tiempo Matica hrvatska denunció el Acuerdo de Novi Sad, de 1954, que había sentado las bases para las reglas unificadas del serbo-croata o croata serbio.

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En torno a la transliteración del ruso

marzo 28th, 2012 | by | ruso, traducción, transliteración, uncategorized

Mar
28

Una cuestión recurrente en la traducción de documentos rusos es la necesidad de transliterar, es decir, trasladar al alfabeto latino palabras escritas originariamente en cirílico. Lo más frecuente es que se trate de nombres de personas, apellidos, denominaciones sociales, calles, ciudades, regiones, etc.  Y he aquí que no hay una norma fija al respecto, y al final cada maestrillo usa su librillo.

No es mi ánimo aquí entrar a dilucidar si existe a pesar de todo una norma consensuada a la que todos deberíamos ceñirnos (que no la hay), sino más bien llamar la atención sobre esta especificidad del trabajo del traductor del ruso. Y lo que vale para el ruso vale para otros idiomas eslavos que emplean el cirílico, claro está. La idea de escribir esta entrada me vino a raíz de la lectura de una breve pero interesante obra: “Sobre la transliteración del ruso y de otras lenguas que se escriben en alfabeto cirílico”, de Salustio Alvarado (Centro de Lingüística Aplicada Atenea, Madrid, 2003).

 

 

 

El autor critica la ausencia de un sistema apropiado de transliteración al español, debido a lo que denomina el “ayuno de eslavidad” que nos afecta.  Esto implica que coexisten diversos sistemas de transliteración, en un caos impensable en relación con otras familias de idiomas, donde se ha impuesto un rigor y una coherencia inexistentes respecto a los idiomas eslavos. Alvarado entiende que el sistema apropiado es aquel que cumple con el principio isográfico-etimológico, acercándose a la grafía de los idiomas eslavos occidentales. Dentro de los idiomas indoeuropeos hablados en Europa, sólo entre los eslavos coexisten dos alfabetos. En los países de habla eslava y tradición ortodoxa se ha conservado el cirílico, y en los de tradición católica hace tiempo que se optó por el latino. De hecho, el alfabeto cirílico se creó con fines evangelizadores, para adaptarse a los fonemas específicos de los idiomas de raíz eslava. Los idiomas que emplean el alfabeto latino lo han adaptado mediante el empleo de signos diacríticos (ž, š, č, ć, etc) para tener en cuenta esas características especiales. Por ello es bastante sencilla la retransliteración de un idioma eslavo de alfabeto latino a otro cirílico: žaba = жаба. Es evidente que si escribimos “zaba” o “zhaba” esta posibilidad no existe.

Para los que trabajamos con el idioma ruso, está claro que la ausencia de una norma comúnmente aceptada es más bien un inconveniente. Voy a poner un ejemplo:

Цветной бульвар

Es una calle céntrica y bastante concurrida en Moscú. ¿Cómo la transliteramos? Se me ocurren innumerables posibilidades: Tsvetnoy bulvar, Cvetnoj bulvar, Tzvetnoi bul´var, Cvetnoj buljvar, Tsvetnoi bul´var, etc, etc…

En algunos casos, la labor del traductor resulta facilitada si un órgano estatal fija un estándar. Así, al parecer, desde 2010 el Servicio Federal de Migración de Rusia ha fijado una norma de transliteración de nombre y apellidos para los pasaportes de ciudadanos rusos (anteriormente habían regido otras normas de transliteración). Es evidente que en tales casos el traductor ha de ceñirse, a ser posible, a dicha norma. Piénsese en la traducción de un certificado de nacimiento donde el nombre y/o apellidos del interesado aparezcan transliterados de modo diferente al del pasaporte: en teoría podría causar problemas ante las autoridades españolas si se da una importante discrepancia, sobre todo si se trata de apellidos.

Lo ideal, en mi opinión, sería acercar la grafía empleada en la transliteración de documentos a la comúnmente usada por los eslavistas. Me consta que otros países, como Italia, es el sistema seguido. Pero por estos pagos seguimos sin una norma clara y consensuada.

Por último, no olvidemos que tenemos un ejemplo real de coexistencia de dos alfabetos para un mismo idioma: el serbio. Si bien la versión oficial es la cirílica, se emplea muchísimo la latina también, y las normas de transliteración son inequívocas y automáticas.

En definitiva, por tanto, la transliteración es un asunto que nos sigue planteando problemas prácticos. Animo a traductores, lingüistas y el público en general a aportar su opinión sobre el asunto.

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