Traducción, documentación jurídica y … la otra punta de Europa

El valor de los clásicos

julio 4th, 2012 | by | clásicos, codificación, obras de referencia, ruso, shershenevich, traducción jurídica, русский, Шершеневич

Jul
04

Últimamente el trabajo no me permite dedicar la atención necesaria a este blog. Sin duda la práctica diaria de la traducción (jurada, jurídica o de otro género) del ruso (y al ruso) suscita dudas, ideas, soluciones, etc, y todo ello va dejando un poso para futuras entradas.

Hoy deseo nada más hacer una pequeña mención a una obra cuya lectura siempre ha servido de fuente de inspiración: el Curso de Derecho Civil, de Gabriel Feliksovich Shershenévich (1863-1912). La editorial Avtograf, de Tula, la volvió a publicar en 2001. Más o menos por aquellas fechas me hice con ella. Luego, en mis incursiones en librerías moscovitas, he podido ver con alegría que diversas editoriales han seguido publicando clásicos del Derecho ruso (civil, mercantil, constitucional, penal, etc). No soy un especialista en Historia del Derecho, pero sé que Rusia, a finales del siglo XIX y principios del XX, también tuvo su fase codificadora, influenciada por el Derecho continental, y en destacado lugar por el alemán y el francés (una hojeada a la obra de Shershenevich nos hará apreciar sus frecuentes referencias a términos jurídicos franceses, y sobre todo alemanes).

Pero, ¿qué importancia tiene todo esto para un abogado y, sobre todo, para un traductor especializado en temas jurídicos? En mi opinión, es importante tener acceso a estas obras. Claro que en época soviética hubo una continuación, pero primero tuvo lugar una importante y traumática ruptura con el pasado. Y además se impuso una “langue de bois” también en el Derecho, cuyo eco resuena hasta nuestros días. La lectura de textos jurídicos repetitivos y a veces faltos de “sustancia” jurídica (frente a lo que podemos encontrar en otros ordenamientos europeos) se hace algo aburrida y cansina. No quiero resultar injusto, pues mi experiencia profesional y jurídica en Rusia (y la lectura de decenas, centenares de normas que se iban aprobando sin solución de continuidad) se remonta al periodo entre 1997 y 2004, de notable inflación de normas…pero no creo que la situación haya mejorado mucho. Otra cosa a valorar es la doctrina civilística, mercantil, etc, del último decenio (ya hablaré de ello cuando tenga ocasión).

Pues bien, en ese contexto, leer a alguien como Shershenevich es como dejar entrar un soplo de aire fresco (aunque venga de hace más de cien años). La claridad, concisión y exactitud con la que expone los temas es de agradecer. Sin ir más lejos, es el autor al que acudí para despejar mi mente ante del examen de traductor jurado del Ministerio de Asuntos Exteriores. Sirvan pues estas líneas como pequeño homenaje a aquella generación…

 

No Comments »

Recursos para el traductor jurídico de ruso (I)

abril 5th, 2012 | by | diccionarios, obras de referencia, ruso, traducción, traducción jurídica, uncategorized, русский

Abr
05

Todo traductor sabe que no basta con conocer el idioma del que traduce: quien traduce traslada el sentido de las palabras de un idioma a otro. Y ahí está la clave, en captar el sentido y saber trasladarlo. Ahora bien, cada idioma es un mundo, pues aparte de su estructura propiamente dicha, existe en un contexto determinado: se desenvuelve en un marco geográfico, cultural y político determinado. Y toda traducción dentro de un área determinada del saber (jurídica, médica, técnica, etc) implica (o debería implicar) un buen conocimiento no sólo de la terminología, sino de las instituciones y lenguaje propios de la materia tanto en el idioma de origen como en el de destino. Todo esto son, en realidad, obviedades que a nadie se le escapan.

La traducción jurídica del ruso ha cobrado impulso en las dos últimas décadas, cuando los intercambios personales y comerciales con Rusia (y otros países donde predomina el ruso) se han multiplicado por razones que todos conocemos. Dicho esto, los recursos de que dispone el traductor jurídico al español son menos numerosos que los existentes para inglés, francés o alemán, por poner tres ejemplos más cercanos. No existe en la actualidad, que me conste, ningún diccionario jurídico ruso-español. Tampoco conozco traducciones al español de textos jurídicos como el Código Civil. El traductor jurídico de ruso ha de recurrir, por tanto, a otros recursos, tales como diccionarios jurídicos en otras combinaciones (ruso-inglés, por ejemplo), textos legales traducidos a otros idiomas, y desde luego los diversos diccionarios electrónicos disponibles. A veces recuerdo al traductor externo al que recurríamos en nuestro despacho en Moscú: un ucraniano afincado en Moscú, con algunos años de experiencia en Cuba. Era un hombre al que apasionaba su trabajo y me consta que estaba elaborando un diccionario jurídico ruso-español (o quizá fuese español-ruso, ya no lo recuerdo). Su temprana muerte nos privó de un trabajo que sin duda hoy resultaría muy útil, pues hubiese sido el fruto de años de trabajo, buscando la palabra justa.

En este contexto resulta útil disponer de obras que faciliten la labor del traductor jurídico de ruso, y en este blog procuraré comentar todas las que caigan en mis manos y merezca la pena reseñar. Comenzaré por un libro de reciente publicación, cuyo contenido es más general, pues se refiere a la traducción del ruso sin adjetivos, pero incluye material sobre la traducción específicamente jurídica. Se trata de Russian Translation: Theory and Practice, de Edna Andrews y Elena A. Maksimova (Routledge, 2010).

 

Aquí solo pretendo hacer unos apuntes sobre cuestiones tratadas en este libro y que sin duda trataré en este blog en otras entradas más específicas.

En el capítulo sobre cuestiones fonológicas y gráficas, por ejemplo, las autoras se detienen en la cuestión de la transliteración (objeto de mi entrada del pasado 28 de marzo) y también en algo muy propio del idioma ruso moderno: las abreviaturas. El empleo de abreviaturas y siglas es una constante, y el traductor ha de disponer de recursos para no perderse en esta maraña. Sería interesante investigar, por cierto, si es una característica nacida en la época soviética o viene de antaño.

Otro de los capítulos está dedicado a las cuestiones culturales, algo muy importante dada la idiosincrasia rusa y a la herencia de un sistema político y social muy distinto del europeo occidental. A título de curiosidad, las autoras destacan la diferencia en ironía y sarcasmo entre la prensa rusa y la inglesa. Esto no es aplicable a la traducción jurídica, pero bien es cierto que la prensa escrita rusa tiene un “tono” bien específico: basta con leer los titulares del diario Kommersant, por poner un ejemplo.

En el capítulo sobre tipos de textos las autoras llaman la atención sobre una ventaja de la que dispone el traductor de ruso: el gran número de obras literarias varias veces traducidas a los más diversos extranjeros. Muestran hasta cinco diferentes traducciones de un mismo párrafo de una misma obra. Esto no deja de ser un privilegio, pues nos permite contrastar diversos textos y juzgar las diversas opciones empleadas. A este respecto, hay que observar que el número de traducciones de obras literarias rusas (sobre todo clásicas) al español ha aumentado muchísimo en los últimos años (espero no equivocarme, esa es mi impresión personal cada vez que voy a las librerías), por lo que el “corpus” del que disponemos los traductores crece y se enriquece. Esto vale también, por qué no, para la traducción jurídica, y para todo tipo de traducción.

La obra contiene un capítulo sobre cuestiones morfológicas y gramaticales, donde tratan diversos temas. Me detendré brevemente en un par de ellos. Por un lado, está la cuestión, tan importante en los idiomas eslavos, del aspecto del verbo. El correcto uso de los aspectos perfectivo e imperfectivo es sin duda una de las dificultades del ruso, y el traductor ha de ser capaz de entender los matices que en cada caso implica el aspecto. Las autoras mencionan los fallos más frecuentes de los hablantes no nativos de ruso. Otro tema, este muy propio del lenguaje jurídico, es el del empleo de participios, muy frecuente en ruso, y que da lugar a oraciones larguísimas, que en muchos casos se han de fragmentar en dos o más oraciones al traducirlas al español para que el texto ( y el lector) “respire”. Son problemas que uno va aprendiendo a resolver con la experiencia.

Otra apreciación interesante dentro de esta breve pero útil obra es la de la importancia del uso de diccionarios monolingües. Como indicaba más arriba, no existe ningún diccionario jurídico ruso-español, pero aunque existiese, su uso se debería complementar con el de un buen diccionario jurídico ruso. Cuanto más completas sean las entradas, mejor. El traductor jurídico, al que se le presupone formación académica en Derecho, debería conocer bien los dos ordenamientos jurídicos en los que trabaja. La buena comprensión del término jurídico en el idioma de origen, es decir, saber captar su sentido específico dentro de aquel ordenamiento, es la labor fundamental y primera del traductor. Y para ello es clave el diccionario monolingüe.

De especial interés es el capítulo del libro dedicado a la documentación jurídica.  Como dato interesante, de los 120.000 licenciados de universidades rusas entre 1908 y 1916, 35.000 lo eran en Derecho. Las autoras destacan este dato como ejemplo del interés por las ciencias jurídicas en la Rusia pre-revolucionaria.  Esto me hace pensar en otra cosa: el esfuerzo que se está haciendo en los últimos años para recuperar y reeditar obras de clásicos del Derecho civil, mercantil, penal, constitucional, etc…de gran importancia, pues no hemos de olvidar que en Rusia también se inició una labor codificadora y sistematizadora del Derecho en el siglo XIX. En los clásicos encontraremos los traductores, además, un lenguaje jurídico, a mi entender, ágil y rico, algo que se agradece pues el lenguaje jurídico moderno en Rusia (y esto lo sabe bien quien traduce certificados, formularios, etc) adolece a veces de los defectos de la langue de bois de tiempos pasados.

Las autoras se centran en las construcciones preposicionales propias de los textos jurídicos, así como en el uso de participios, gerundios y derivados verbales. El texto jurídico comparte muchas características con el científico y académico, y en el libro encontramos diversos ejemplos esclarecedores. No mencionan, por otro lado, un fenómeno que “carga” en exceso los textos jurídicos rusos: las constantes repeticiones. Es indudable que el traductor ha de evitarlas, pues debe acercar el texto lo más posible al estilo del idioma de destino.

El libro incluye un capítulo final sobre la revisión y edición de traducciones. Desmenuza una traducción al inglés de un artículo del Código de Familia, y llama la atención sobre algunos errores, incluso graves, lo que una vez más hace pensar en la importancia de la revisión.

Prometo que mis próximas entradas serán más breves…he aprovechado la ocasión que me brindaba esta obra para apuntar diversos temas que sin duda merecerán mi atención, y que espero den lugar a comentarios y discusiones.

 

5 Comments »